Paulo Reglus Neves Freire, conocido mundialmente como Paulo Freire, nació el 19 de septiembre de 1921 en Recife, Pernambuco (Brasil). Hijo de Joaquín Temístocles Freire y Edeltrudes Neves Freire.

            "Fui un niño de la clase media que sufrió el impacto de la crisis del 29 y que tuvo hambre, yo sé lo que es no comer", recuerda Paulo Freire. Esa circunstancia le cargaría de un potencial aún mayor, para comunicarse con el pueblo.

            Aunque él aspiraba a ser educador, se graduó en Leyes en la Universidad Federal de Pernambuco por ser la única carrera relacionada con las ciencias humanas, no existían cursos de formación de educadores.

            Se casó en 1944 con Elza Maia Costa Oliveira, profesora de primaria con la que tuvo 5 hijos e influyó determinantemente en la decisión de Paulo de dejar Derecho para dedicarse a la pedagogía. Después de la muerte de Elza se casó con Ana María Araujo Freire.

            En 1947 fue director del Departamento de Educación y Cultura del Servicio Social de la Industria. Fue uno de los primeros 15 consejeros pioneros del Consejo Estatal de Educación de Pernambuco.

            En 1958 participa en el "II Congreso Nacional de Educación de Adultos" en Río de Janeiro donde es reconocido como un educador progresista.

            En los años 60, en el Noroeste de Brasil, la mitad de sus 30 millones de habitantes eran marginados y analfabetas y como él decía, vivían dentro de una cultura del silencio, era preciso "darles la palabra" para que "transitasen" a la construcción de un Brasil que fuese dueño de su propio destino y que superase el colonialismo.

          Creo círculos y centros de cultura en todo Brasil confluyendo sus actividades en la creación del Movimiento de Educación de Base (1961).

           Desarrolló el método con el que se le conocería en todo el mundo basado  en el principio de que el proceso educativo debe partir de la realidad que rodea al educando.  

           Las primeras experiencias del método lograron en 1963 que 300 trabajadores rurales fueran alfabetizados en 45 días. Para el año siguiente, el Presidente de Brasil Joao Goulart lo invitó para reorganizar la alfabetización de adultos en el ámbito nacional. Estaba prevista la instalación de 20,000 círculos de cultura para 2 millones de analfabetas.

            Estando Freire en Brasilia, activamente involucrado con los trabajos del Programa Nacional de Alfabetización, fue destituido a raíz del golpe militar del 31 de marzo de 1964 protagonizado por el general Humberto de Alencar Castelo Blanco.

          Paulo Freire fue encarcelado y exiliado después del golpe de estado de 1964, "porque la Campaña Nacional de Alfabetización concienciaba inmensas masas populares" lo que incomodó a las élites conservadoras brasileñas. Pasó 75 días en prisión por considerarlo un peligroso pedagogo político y acusado de "subversivo e ignorante".

          Refugiado en la embajada de Bolivia, pasa unos días en este país y de ahí viaja a Chile, fija su residencia durante 5 años. Trabajó en el Instituto Chileno para la reforma Agraria, en programas de educación de adultos.

          En Chile encontró un espacio político, social y educativo muy dinámico, rico y desafiante, que le permitió re-estudiar su método, asimilando la práctica y sistematizándolo teóricamente.

           Los educadores de izquierdas se apropiaron de la filosofía educativa de Paulo Freire, pero la oposición del Partido Demócrata Cristiano lo acusó, de escribir un libro "violentísimo". Era el libro "Pedagogía del Oprimido". Esto fue uno de los motivos que lo hicieron abandonar Chile.

            A partir de 1968 ejerció como asesor de la UNESCO y posteriormente pasa a ser profesor de la universidad de Harvard.USA. Fue a Ginebra en donde completó 16 largos años de exilio. Desde aquí viajó como "consejero andante", del Departamento de Educación del Consejo Mundial de las Iglesias por tierras de Asia, Oceanía, América y África, recién liberada de la colonización europea, colaborando en programas de educación de personas adultas, especialmente en Angola y Guinea.

Su voz, que viene de Brasil y de Chile, es la de los campesinos americanos, los indios marginados y de aquellos que no conocen la escritura pues transmiten su cultura de forma oral.

Freire asimiló una cultura africana en el contacto directo con el pueblo y sus intelectuales como Amílcar Cabral y Julius Nyerere.

         Regresa a los Estados Unidos con un bagaje nuevo traído del África y discute el Tercer Mundo al interior del Primer Mundo con Milles Horton. Esto da origen al libro, escrito con mucha pasión, esperanza y sabiduría titulado: "Hacemos camino al andar: conversaciones sobre educación y cambio social".

        En agosto de 1979, bajo un clima de amnistía política, felizmente regresa a Brasil. Es recibido calurosamente por parientes, amigos y admiradores. Se planteó él mismo "re-aprender a mi país". Para ello, realizó incesantes viajes por todo Brasil dando conferencias, publicando y entablando diálogos con estudiantes y profesores.

         En 1980 regresa a Brasil donde pone su mayor empeño en la lucha por una escuela pública y de calidad para todos, de 1989 a 1992 asume la Secretaría de Educación de la Prefectura de Sao Paulo. A partir de 1992 da clases en la universidad de Sao Paulo y cursos y conferencias por todo el mundo.

         A sus 70 años Freire seguía disfrutando de la vida, predicando la fuerza del amor, defendiendo la necesidad del compromiso personal con los desheredados  y reelaborando sus ideas sobre educación. Pocos días antes de su muerte debatía sus proyectos sobre las nuevas perspectivas de la educación en el mundo en su propio Instituto en Sao Paulo, Brasil.

A los 75 años, Paulo Freire muere el viernes 2 de mayo de 1997. Murió de una manera previsible: le falló su corazón, porque fue tal vez el órgano que más usó en su vida.

         Recibió docenas de Doctorados Honoris Causa de Universidades de todo el mundo y numerosos premios por sus trabajos en educación. Entre ellos Premio Rey Balduino  para el Desarrollo (Bélgica 1980), el de La PAZ de la UNESCO (1987) y Premio Andrés Bello de la OEA como educador de Continentes (1992).

        Su muerte nos dejó en la memoria, su semblante calmo, sus ojos color miel, sus siempre expresivas manos revelándonos los deseos y espantos de su alma eternamente apasionada por la vida.